Psicología de los experimentos conductuales

Las secciones anteriores de este módulo se centraron en el condicionamiento clásico y operante, que son formas de aprendizaje asociativo. En el aprendizaje observacional, aprendemos observando a otros y luego imitando, o modelando, lo que hacen o dicen. Los individuos que realizan la conducta imitada se denominan modelos. Las investigaciones sugieren que en este aprendizaje imitativo interviene un tipo específico de neurona, denominada neurona espejo (Hickock, 2010; Rizzolatti, Fadiga, Fogassi y Gallese, 2002; Rizzolatti, Fogassi y Gallese, 2006).

Experimentos conductuales para la ansiedad social

El experimento del malvavisco de Stanford fue un estudio sobre la gratificación retardada realizado en 1972 y dirigido por el psicólogo Walter Mischel, profesor de la Universidad de Stanford[1]. En este estudio, se ofrecía a un niño la posibilidad de elegir entre una recompensa pequeña pero inmediata, o dos recompensas pequeñas si esperaban durante un tiempo. Durante este tiempo, el investigador salía de la habitación durante unos 15 minutos y luego volvía. La recompensa era un malvavisco o un palito de pretzel, según la preferencia del niño. En los estudios de seguimiento, los investigadores descubrieron que los niños que eran capaces de esperar más tiempo por las recompensas preferidas tendían a tener mejores resultados en la vida, medidos por las puntuaciones de la selectividad,[2] los logros educativos,[3] el índice de masa corporal (IMC),[4] y otras medidas de la vida[5] Un intento de réplica con una muestra de una población más diversa, más de 10 veces mayor que el estudio original, mostró sólo la mitad del efecto del estudio original. La réplica sugirió que los antecedentes económicos, y no la fuerza de voluntad, explicaban la otra mitad[6][7] El poder predictivo de la prueba del malvavisco fue cuestionado en un estudio de 2020 por un equipo de investigadores que incluía a Mischel[8][9].

Experimentos conductuales pdf

¿La violencia que los niños observan en los programas de televisión, las películas y los videojuegos les lleva a comportarse de forma agresiva? Esta es una pregunta candente hoy en día, pero también fue de gran interés en la década de 1960 cuando un psicólogo dirigió un experimento conocido como el experimento del muñeco Bobo para determinar cómo los niños aprenden la agresión a través de la observación.

¿Son la agresividad y la violencia comportamientos aprendidos? En un famoso e influyente experimento conocido como el experimento del muñeco Bobo, Albert Bandura y sus colegas demostraron una de las formas en que los niños aprenden la agresión.

La agresividad está en la raíz de muchos males sociales, desde la violencia interpersonal hasta la guerra. No es de extrañar, pues, que el tema sea uno de los más estudiados dentro de la psicología. La psicología social es el subcampo dedicado al estudio de la interacción humana y el comportamiento grupal, y los científicos que trabajan en este campo han proporcionado gran parte de la investigación sobre la agresión humana.

El experimento consistió en exponer a los niños a dos modelos de adultos diferentes: uno agresivo y otro no agresivo. Después de presenciar el comportamiento del adulto, se colocaba a los niños en una habitación sin el modelo y se les observaba para ver si imitaban los comportamientos que habían presenciado antes.

Experimento de stanford con malvaviscos

Imagina que te estás preparando para una cena esta noche. Llevas toda la tarde preparando una tarta y, cuando por fin suena el temporizador, abres el horno con entusiasmo y descubres que desprende un aroma celestial. Te planteas brevemente qué pasaría si cogieras un trozo ahora que aún está caliente: estaría delicioso con un poco de helado. Luego, piensas en lo bien que te sentirás al llegar a la cena con tu tarta, y en lo felices que serán tus amigos, especialmente después de haber trabajado toda la tarde en sus platos. Así que esperas. Enhorabuena: acabas de retrasar la gratificación con fines cooperativos.

El ejercicio de retrasar la gratificación es un aspecto importante de la cooperación humana. A menudo, cuando nos comprometemos con los demás para lograr un objetivo colectivo, tenemos que resistir las tentaciones inmediatas para nosotros mismos con el fin de lograr un resultado a más largo plazo que beneficie a todos.

Consideremos la sostenibilidad medioambiental como otro ejemplo. Si todos queremos vivir en un mundo limpio y sano, tenemos que reducir nuestra huella ecológica, utilizando menos recursos hoy para evitar colectivamente la degradación del medio ambiente. Esto requiere retrasar la comodidad, la conveniencia o las ganancias financieras que supone el uso inmediato de los recursos.