Historias sobre la fuerza de voluntad

«Un día, Leyangtsi encontró una pieza de oro en su camino a casa, y estaba tan encantado que corrió a casa tan rápido como pudo para contárselo a su mujer. Al ver el oro, su mujer le dijo con calma y amabilidad: «Como sabes, se suele decir que un hombre de verdad nunca bebe el agua robada. ¿Cómo puedes llevarte a casa una pieza de oro que no es tuya? Leyangtsi se sintió muy conmovido por las palabras, e inmediatamente la devolvió al lugar donde estaba.

«Al año siguiente, Leyangtsi se fue a un lugar lejano a estudiar clásicas con un talentoso maestro, dejando a su mujer sola en casa. Un día, su mujer estaba tejiendo en el telar, cuando Leyangtsi entró. Al verle, la mujer pareció preocupada y enseguida le preguntó por qué había vuelto tan pronto. El marido le explicó que la echaba de menos. La esposa se enfadó por lo que hizo el marido. Aconsejando a su marido que tuviera entereza y no fuera demasiado indulgente con el amor, la esposa cogió unas tijeras y cortó lo que había tejido en el telar, lo que dejó a Leyangtsi muy desconcertado. Su esposa declaró: ‘Si algo se detiene a mitad de camino, es igual que la tela cortada en el telar. La tela sólo será útil si se termina. Pero ahora, no ha sido más que un desastre, y lo mismo ocurre con tu estudio’.

Breve historia sobre la fuerza y la debilidad

Todo el mundo le decía que estaba exagerando y que el calor pasaría pronto, pero Gail se puso a trabajar, construyendo su enorme abanico. Cuando por fin lo terminó, empezó a abanicarse.

El gigantesco abanico golpeó las aguas del pequeño lago con tanta fuerza que enormes olas rodaron por él. Las olas se estrellaron contra la orilla del lago, dejándolo medio vacío, y Gail varada en sólo unos centímetros de agua.

«¡Qué impaciente! Qué egoísta!», gritaban los demás. Pero lo peor para Gail no eran los insultos, sino el hecho de que con tan poca agua a su alrededor, el calor se hacía insoportable. Preparándose para morir de un golpe de calor, se despidió de todos sus amigos, que le pidieron perdón. Les aseguró a todos que si volvía a vivir sería más fuerte y aprendería a soportar las incomodidades de la vida.

Sin embargo, una vez más, Gail la Ballena exageraba. Consiguió sobrevivir a esos días de calor sin morir, aunque, por supuesto, sufrió. Cuando llegaron las siguientes lluvias, el lago volvió a llenarse y el tiempo mejoró. Naturalmente, Gail tuvo que cumplir su promesa y demostrar a todos que había aprendido a no ser tan dependiente de la comodidad, tan impaciente y tan quisquillosa.

Historias sobre la resistencia

20 de agosto de 2017 El mundo no es todo sol y arco iris. Es un lugar muy mezquino y desagradable. Te golpeará hasta ponerte de rodillas y te mantendrá allí permanentemente si se lo permites. Ni tú, ni yo, ni nadie va a golpear tan fuerte como la vida. Pero no se trata de lo duro que golpeas, se trata de lo duro que puedes ser golpeado y seguir avanzando, cuánto puedes soportar y seguir avanzando. ¡Así es como se gana! Rocky Balboah

Un mar tranquilo nunca hizo a un marinero hábil, ni la prosperidad y el éxito ininterrumpidos califican de utilidad y felicidad. Las tormentas de la adversidad, como las del océano, despiertan las facultades y excitan la inventiva, la prudencia, la habilidad y la fortaleza del navegante. Los mártires de la antigüedad, al reforzar sus mentes ante las calamidades externas, adquirieron una altivez de propósito y un heroísmo moral que valen una vida de suavidad y seguridad.Autor desconocido

Cualquiera que haya trabajado con adolescentes sabe que los más felices y emocionalmente sanos son los que aspiran a fines grandes y honorables. Y ciertamente no todos lo hacen. No es raro ver hordas de adolescentes merodeando todas las noches en la charcutería local o en el centro comercial, haciendo muy poco con sus vidas, si es que hacen algo. Esto es pusilanimidad, o pequeñez de alma. Esta existencia bastante pusilánime no se limita en absoluto a los adolescentes. Muchos adultos se han conformado con una existencia muy pequeña, que suele incluir pero no parece ir mucho más allá de una casa con un césped bien cuidado, un buen coche, un tiempo compartido tal vez, y a veces una vida que excluye deliberadamente a los niños, pero no a las mascotas. Estas cosas no son malas en sí mismas. Más bien, es la falta de aspiración hacia lo que es digno de gran honor lo que es pequeño y deficiente. La emoción que sufre en este caso es la emoción de la esperanza; porque la virtud de la magnanimidad perfecciona la esperanza e implica una extensión de la mente hacia los grandes honores. No hay plenitud emocional sin esa extensión hacia lo grande.

Relatos cortos sobre el agua

Kurt Vonnegut Jr. (/ˈvɒnəɡət/;[1] 11 de noviembre de 1922 – 11 de abril de 2007) fue un escritor estadounidense. A lo largo de una carrera de más de 50 años, publicó 14 novelas, tres colecciones de cuentos, cinco obras de teatro y cinco obras de no ficción, y otras colecciones se publicaron después de su muerte.

Nacido y criado en Indianápolis, Vonnegut asistió a la Universidad de Cornell, pero se retiró en enero de 1943 y se alistó en el ejército estadounidense. Como parte de su formación, estudió ingeniería mecánica en el Instituto Tecnológico Carnegie (actual Universidad Carnegie Mellon) y en la Universidad de Tennessee. Después fue enviado a Europa para luchar en la Segunda Guerra Mundial y fue capturado por los alemanes durante la Batalla de las Ardenas. Fue internado en Dresde, donde sobrevivió al bombardeo aliado de la ciudad en un armario de carne del matadero en el que estaba preso. Tras la guerra, se casó con Jane Marie Cox, con quien tuvo tres hijos. Adoptó a sus sobrinos después de que su hermana muriera de cáncer y el marido de ésta muriera en un accidente de tren. Tanto él como su esposa asistieron a la Universidad de Chicago, mientras él trabajaba como reportero nocturno para el City News Bureau.